La importancia del turismo responsable para que dejen de operar las calesas de caballos

Estoy segura de que más de una vez, visitando alguna ciudad europea, habrás visto calesas arrastradas por caballos, que esperan o circulan con turistas que visitan la ciudad. Si cuando visualizas esa imagen sientes dentro de ti rabia, impotencia, lástima y compasión… debo felicitarte. Estás en ese grupo reducido de personas que, como yo, nos sentimos profundamente decepcionadas con el sentido de la evolución, porque a diferencia de la mayoría, también empatizamos con otras especies de animales distintas al homo sapiens.

Las calesas de caballos como atracción turística no están presentes solo en ciudades europeas, pero resulta francamente incomprensible que en países pertenecientes a la Unión Europea, como España o Italia, -donde se supone que debería existir una concienciación unánime en materia de bienestar animal y se cuenta con amplia normativa en la materia-, pueda seguir estando permitido este tipo de transportes con finalidades exclusivamente turísticas. En muchos casos, cuando se plantea la idea de prohibir el uso o explotación de determinadas especies de animales, siempre se justifica su imposibilidad al amparo de que existe un interés superior, como puede ser el de la alimentación o la experimentación con fines científicos. Pero, ¿cuál es el interés superior para seguir haciendo uso de caballos que arrastran carros para pasear a turistas por la ciudad? ¿De verdad es este el tipo de turismo que se quiere ofrecer al mundo? ¿Sinceramente alguien cree que ver a caballos sufriendo en plena ola de calor puede embellecer una ciudad? Hoy, quiero contaros dos ejemplos basados en experiencias recientes que he tenido este año, y que sin duda hicieron enturbiar el sentimiento de belleza y admiración que sentía por aquellos lugares en los que me encontraba.

Sevilla. Para mí, tal vez una de las  ciudades más bonitas de España

Si nunca has visitado Sevilla, te recomiendo enormemente que lo hagas por lo menos una vez en la vida. Su patrimonio artístico, su cultura, sus colores y su gente, son sin duda elementos que la hacen muy especial. Yo he estado 3 veces en Sevilla, y he de reconocer que todas y cada una de ellas he descubierto lugares y secretos que me han seguido cautivando enormemente. No obstante, todo eso pasa de forma casi instantánea a un segundo plano cuando de repente te encuentras con las calesas de caballos paseando a turistas por la ciudad, o bien estacionadas a la espera de recibir nuevos clientes.

 

(Fotografía de este año en Sevilla. Calesa con caballo estacionada de noche.)

Por si no tenías constancia de ello, en las principales ciudades de Andalucía es un negocio instaurado ver a cocheros con caballos intentando captar a turistas para que les paguen entre 35, 50 y hasta 100 euros (en función de la duración del paseo) por darles una vuelta y enseñarles la ciudad. Son múltiples las empresas privadas que se dedican a ofrecer paseos en coches de caballos y desgraciadamente, son también muchos los turistas que pagan por ello. Muchos de estos chóferes aprovechan el incentivo turístico que producen los caballos para vender estos paseos como «tours guiados» por la ciudad, aunque estos no son guías autorizados. Te diré, para que entiendas hasta qué punto está arraigada esta tradición, que los precios por paseo son oficiales y están fijados por el Ayuntamiento, que los cocheros de caballos están sujetos a la concesión de una licencia municipal y que las ordenanzas de cada uno de estos municipios fijan en qué lugares de la ciudad se pueden establecer los puntos de parada. Normalmente, los puntos de estación de los carruajes se fijan en los lugares de interés turístico. En Sevilla, por ejemplo, podemos encontrar estacionados carruajes con caballos en la Plaza de España o en la Catedral.

Es francamente triste ver que se evoluciona en muchos aspectos pero los dirigentes municipales siguen empeñados en mantener tradiciones más propias del siglo XVI que del siglo XXI, exclusivamente por motivos económicos. No negaré que puede resultar muy evocador visitar la ciudad mientras vas subido en un carruaje con caballos, pero, ¿dónde queda nuestra compasión y empatía para con esos pobres animales? Con las temperaturas extremas y el calor sofocante que se vive en Andalucía entre los meses de mayo a septiembre, habla muy mal de nosotros como país permitir que estas actividades sigan siendo legales, y no mostrar ningún tipo de solidaridad hacia estos animales. Resulta algo evidente, pero parece que es necesario mencionar que nosotros no somos los únicos que sufrimos el calor, y que obligar a estos animales a dar vueltas y vueltas a pleno sol, cuando perfectamente se podría sustituir a los caballos por calesas eléctricas, refleja que hemos desconectado por completo del resto de especies animales. Que nos sentimos muy lejos de cualquier animal que no sea un perro o un gato, con el que compartimos hogar.

Pero la realidad, nuevamente, nos da de frente, aunque nos empeñemos en echar la vista a un lado. Cada año son varios los caballos que se desploman o fallecen como consecuencia del calor. Por no hablar de cuando salen a la luz malas prácticas o actos de violencia de los cocheros hacia caballos que, estando exhaustos y agotados, se tumban en el suelo negándose, como es lógico, a proseguir con la actividad.

Aquí el enlace a una noticia de este año y al vídeo:          https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20220707/caballo-cae-desvanecido-tirar-carruaje-14027336

Creo francamente que Sevilla merece mucho más. Sevilla puede ofrecerle al mundo mucho más que imágenes de caballos desamparados por la Administración, que siguen siendo utilizados como atractivo turístico sin tener en cuenta su bienestar y sus necesidades. Dejemos de pensar que las tradiciones son inmutables, y que todo vale si detrás hay intereses económicos. Cuando una actividad no representa una necesidad vital, y lleva implícita maltrato, explotación y sufrimiento, no cabe duda de que ya no es una necesidad, sino una obligación social dar los pasos necesarios hacia su abolición.

Para tu próxima visita a Andalucía… recuerda: es posible llevar a cabo un turismo responsable, y disfrutar de las bellezas que cada una de sus ciudades tiene para ofrecernos, sin contribuir a causar daño a los animales.

 

(Paseando (a pie) por la bella Plaza del Triunfo. Monumento a la Inmaculada Concepción.)

Florencia… Cosa più bella non c’è.

Sin duda, Florencia es de esos lugares que a una le cautivan el alma. Una ciudad llena de arte, magia, belleza y cultura, conocida como la ciudad del Renacimiento. (Sí, por si lo desconocías, Florencia es una de las ciudades donde se inició el movimiento renacentista, impulsado en su caso por la familia de los Medici).

Es importante tener esto en cuenta, puesto que el Renacimiento representó el inicio de un periodo de luz y avances basado, entre otras cosas, por la propagación del humanismo: la corriente filosófica que se centraba en la exaltación de las cualidades del hombre. El Renacimiento se inspiró sobre todo en la antigua Grecia y Roma, y supuso la propagación de la literatura, el arte y la cultura enfocadas a cuestionar las tradiciones y creencias medievales, a través de la exaltación del pensamiento racional.

No obstante, pese a lo que todo esto significa, cuando estuve en Florencia también me encontré con calesas de caballos estacionadas en los principales puntos turísticos de la ciudad y a turistas montados en ellas. Una gran decepción para mí, puesto que me resultó francamente incomprensible vislumbrar cómo en una ciudad tan hermosa donde un@ respira arte y cultura por todos los rincones, a 39º de temperatura y con un calor sofocante en pleno agosto, también aquí podía verse a esos pobres caballos utilizados como atracción turística.

 

(Cocheros con caballos estacionados a primera hora de la mañana frente a la Catedral de Santa Maria dei Fiori.)

He de reconocer que esto me causó una profunda tristeza, puesto que no hay nada peor que encontrarse de frente con las incoherencias de lo que supone el negocio del uso de animales. Leonardo Da Vinci, que se considera una de las principales figuras del Renacimiento Italiano, en el siglo XVI expresó cómo de perjudicada estaba, desde su punto de vista, la relación entre el ser humano para con los demás animales:

«Seguramente, el hombre es el rey de los animales, pues su brutalidad supera a la de éstos.»

Leonardo Da Vinci

Hoy, 5 siglos más tarde, creo que el gran genio se sentiría profundamente decepcionado al ver que, desgraciadamente, en Florencia no se ha avanzado todo lo que se debería con respecto a la protección animal. El año pasado, por ejemplo, los medios de comunicación se hicieron eco de un vídeo grabado por una turista en plena Piazza della Signoria, donde un caballo atado a un carruaje corría desenfrenado y alborotado por la plaza, subiéndose inclusive a las escaleras de la Loggia della Signoria (un pequeño museo al aire libre que contiene numerosas esculturas), pudiéndose apreciar claramente en esas imágenes que se trataba de una crisis nerviosa del animal, seguramente provocada por el miedo, estrés o ansiedad que sufren los caballos que son obligados sistemáticamente a realizar estas actividades.

Enlace a la noticia y al vídeo, aquí:                                              https://cadenaser.com/ser/2021/06/18/internacional/1624028742_192194.html

Seguir utilizando a caballos como atractivo turístico, -siendo esta una actividad fácilmente substituible y a todas luces innecesaria-, en una ciudad con tanta simbología de lo que representa el raciocinio, la cultura, el avance y la modernidad, es para mí, simplemente INCOMPRENSIBLE.

Pero los carruajes de caballos no se encuentran solo en Florencia. También en Pisa, Roma o Palermo. Para ilustrar cómo de egoístas podemos ser en ocasiones, te contaré que me llamó especialmente la atención estando en Pisa, ver una calesa con un caballo que transportaba a unos turistas. Como podéis ver en la fotografía, los turistas tenían un parasol para cubrirse del sol, pero en cambio, el caballo no tenía ningún tipo de protección, y estaba paseando por la ciudad al mediodía, a 32º de temperatura, con un calor sofocante.

 

(Carruaje de caballos en Pisa, a 32º en el mes de Agosto. El caballo no tiene refugio para el sol, pero los turistas sí llevan una sombrilla.)

Terminar con este tipo de actividades está, principalmente, en nuestras manos. Es fundamental que recordemos que no sirve absolutamente de nada que mostremos indignación o rechazo frente a determinadas imágenes de caballos que se desploman o fallecen, si después vamos a participar de estas actividades y pagamos por los servicios de los cocheros. Cuando me preguntan cómo se puede acabar con determinadas actividades y porqué pese a la indignación y el rechazo de la sociedad siguen manteniéndose, siempre me gusta hacer la misma reflexión: debemos entender que sin demanda, no hay oferta. Actividades como estas se sostienen porque las personas pagan por estos servicios, y por tanto, dan dinero a quienes se lucran utilizando a estos animales de forma sistemática. ¿Has pensado alguna vez lo costoso que es mantener un solo caballo? Alimentación, cuidados veterinarios, instalaciones… si las personas nos concienciamos de verdad y decimos NO a este tipo de servicios, no pagamos por ello, y mostramos nuestro rechazo, finalmente aquellos que se dedican a ello no tendrán otro remedio que adaptarse a las demandas de los consumidores, modernizarse, y sustituir el uso de animales por otros medios.

No olvidemos nunca que como consumidores… ¡tenemos en nuestra mano el poder del cambio!

Demandemos un turismo responsable. Reclamemos actividades que no impliquen el uso de animales. Hagámosle saber a quienes gobiernan que la sociedad está concienciada y que rechaza este tipo de actividades.

(Fotografía tomada desde Il Campanile di Giotto, en Florencia. Subimos (a pie) 414 escalones hasta llegar al punto más alto.)

Seamos parte de la solución… y no del problema.

 

                                                                                           

3 comentarios en “La importancia del turismo responsable para que dejen de operar las calesas de caballos”

  1. Todos los que estéis de acuerdo con todo el maltrato que supone esto , dejar vuestro comentario para que podamos avanzar en que todos los animales tengan los mismos derechos q nosotros los humanos , todos tenemos sentimientos y sentimos el dolor .

  2. Las calesas de caballos son un atractivo turístico más propio de siglos pasados que de un país moderno y avanzado. Gran post que nos ayuda a vernos las costuras y replantearnos cuánto de mal nos estamos portando con el resto de animales 🙁

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