"El derecho animal es la única rama del derecho en la que sabes con certeza que todos tus clientes son inocentes."

una aproximación al derecho animal

El derecho animal es la disciplina que trata las relaciones entre los humanos y los animales dentro de un marco jurídico. Dado que el derecho animal es una materia innovadora de la que empezó a hablarse hace relativamente poco tiempo, hay personas que todavía se sorprenden de que existan profesionales que se dediquen a esta rama del derecho. No obstante, debes saber que el derecho animal ha llegado para quedarse, porque con una sociedad cada vez más concienciada con el respeto, protección y cuidado de los demás animales, se hace más necesario que nunca seguir impulsando el movimiento por la defensa de los derechos animales, y exigir cambios normativos para que los animales puedan tener al final, reconocidos determinados derechos.

El derecho animal es una rama multidisciplinar que está en evolución constante y que, principalmente, se sustenta en la ciencia, porque es la ciencia la que nos demuestra con sus avances y sus nuevos logros en la investigación del comportamiento animal, que hay determinados animales que aparte de tener capacidad de sentir, tienen conciencia y son capaces de percibir el entorno. Y, cada vez son más las pruebas que demuestran que a medida que se investiga, se descubren más especies de animales con esta sintiencia.

Las 5 libertades en el bienestar animal

El bienestar animal, según la OIE

La Organización Internacional para la Sanidad Animal (OIE) es la organización intergubernamental encargada de mejorar la sanidad animal en el mundo. En el Código Sanitario para los Animales Terrestres, se define en el artículo 7.11 el concepto de bienestar animal, como «el estado físico y mental de un animal según las condiciones en las que vive y muere.«

Para medir el bienestar animal, se utilizan las mundialmente reconocidas como «5 libertades». ¿Sabes cuáles son?

Desmintiendo falsos mitos...

El ordenamiento jurídico actual NO reconoce derechos a los animales. Aunque los considere como seres vivos o seres sintientes dotados de sensibilidad, nuestro ordenamiento jurídico actual los considera OBJETOS de protección, no SUJETOS de derecho. Por tanto, eso significa que aunque dispongamos de determinadas leyes que los protegen con la finalidad de que reciban un trato digno, no hay en nuestra Constitución Española referencia alguna a los animales ni disposición normativa que les otorgue derechos que puedan ser invocados para exigir su protección efectiva.

Para entender cómo está estructurado el sistema y porqué es tan importante seguir luchando por mejorar las leyes que permiten el uso de animales, es importante tener siempre presente que NO todos los animales gozan de la misma protección. La protección que reciben los animales depende principalmente del uso y la finalidad para la que son destinados, porque eso es lo que va a delimitar qué prácticas pueden soportar esos animales. Es decir: el nivel de «maltrato justificado» al que se les somete sin ser ello constitutivo de infracción o delito. Ejemplo: los perros están muy protegidos en nuestro ordenamiento jurídico porque se consideran animales de familia, pero también hay perros que se utilizan para experimentación, a los que se les somete a prácticas muy dolorosas, con una finalidad «científica», y eso, está justificado.

En sintonía con lo expuesto en los dos «falsos mitos» anteriores, la respuesta vuelve a ser NO. Actualmente, dado que el ser humano sigue utilizando a muchas especies de animales para su beneficio, tenemos un ordenamiento jurídico que se basa en normas de «bienestar» animal, pero no protegen de forma real y efectiva a los animales. Son normas que fijan unos niveles mínimos de protección que deben cumplirse en aquellas actividades en las que se utilicen animales, y que impliquen de forma intrínseca un sufrimiento para ellos, que solo podría evitarse, si se dejasen de realizar esas actividades. Por tanto, lo que se hace es intentar minimizar al máximo ese sufrimiento, pero eso es incompatible con su uso. ¿Es que no sufren los animales destinados a producción en la ganadería industrial? ¿Y los animales utilizados para experimentación? ¿Y los animales encerrados en zoológicos?

Falso de nuevo. En realidad, cambiar el sistema es mucho más fácil de lo que mucha gente cree, porque el sistema lo sostenemos nosotros: l@s consumidor@s. Y no hablo solo de la industria alimentaria. Consumimos productos de origen animal, pero también pagamos por ver espectáculos en los que se utilizan a animales, o por subirnos a determinados animales salvajes cuando vamos de vacaciones a países exóticos, o por comprar perros o gatos, o por prendas hechas de piel o por productos cosméticos y de higiene que han sido testados en animales… ¿sabes qué tiene en común todo esto? Que esto, es el sistema. Y, que si dejamos de pagar por ello, el sistema, sencillamente, se caerá. Y quienes se lucran a costa del sufrimiento de millones de animales, se verán obligados a redirigir sus negocios hacia alternativas éticas, que cuiden, respeten y protejan a los animales. ¿Fácil, verdad?

Esto, en realidad, no es puramente un falso mito, sino más bien una fácil excusa de quienes se empeñan en seguir en su zona de confort para no tener que aplicar cambios en su vida. Las tradiciones no son algo sagrado que deba mantenerse a toda costa. Forma parte de la evolución racional del ser humano cuestionarnos nuestras creencias y nuestras costumbres, porque que algo se haya hecho durante mucho tiempo no significa que esté bien, y que no deba cambiarse. Tenemos muchos ejemplos a lo largo de la historia de la humanidad que nos lo demuestran, y que nos deberían servir para empezar a preguntarnos hasta cuándo vamos a seguir sometiendo al planeta y a los demás animales a nuestra propia voluntad. Quizás, cuando queramos cambiar, ya sea demasiado tarde.

la necesidad de impulsar un cambio en nuestra relación con los demás animales

Los animales no humanos han dejado de ser dueños de su vida y de su libertad. Como consecuencia de la tradición y la cultura, puede que a veces no seamos conscientes de como nuestros hábitos y decisiones les afectan, pero tal vez ha llegado el momento de que empecemos a replantearnos nuestra relación con aquellos con quienes compartimos planeta. Analicemos algunos ejemplos...

Cada año se sacrifican más de 900 millones de animales en mataderos de España. La forma en la que los animales destinados a consumo humano viven y mueren es un debate que está encima de la mesa desde hace mucho tiempo. Gracias a las investigaciones de activistas y periodistas se han sacado a la luz imágenes que demuestran lo que hay detrás de los muros de las granjas y mataderos en todo el mundo. El actual sistema de ganadería industrial no es sostenible para el planeta pero tampoco cumple con la legislación internacional en materia de bienestar animal. Los animales malviven en unas condiciones pésimas, insalubres y sufriendo un constante maltrato. 

Delfines y ballenas son sacados del océano para ser vendidos posteriormente a zoológicos, y animales como los leones o elefantes, son cazados y alejados de su hábitat para ser utilizados en circos o vendidos también a recintos de exposición de fauna. Cada vez que asistimos a un espectáculo de este estilo, estamos financiando un maltrato invisible, que no se ve pero está presente, porque esos animales no están ahí por decisión propia, ni tampoco llevan la vida que deberían. Sin enriquecimiento ambiental que satisfaga sus necesidades, lejos de su hábitat natural, sin otros individuos de su misma especie con los que poder socializar y sin poder expresar sus comportamientos naturales, son sometidos a una vida de explotación que nunca tendrá fin, si seguimos pagando por este tipo de espectáculos.   

Según datos de WWF, la biodiversidad se ha reducido un 58% en los últimos 40 años. Nuestra forma de consumo está directamente relacionada con la crisis climática y es consecuencia directa de la destrucción de bosques, contaminación de los mares y océanos, y extinción de miles de especies. Si redujésemos el consumo de carne, la contaminación por gases de efecto invernadero se reduciría considerablemente, siendo esta una de las principales causas de contaminación. Si redujésemos el plástico en los productos que se fabrican le salvaríamos la vida a miles de animales que sufren las consecuencias de su impacto. Si nos informamos de lo que hay detrás del aceite de palma y dejamos de consumir productos que lo contengan, ayudaremos a luchar contra la deforestación y salvaremos a cientos de orangutanes… y esto, son solo algunos ejemplos. Contribuyamos a tener un impacto positivo en el planeta, en lugar de destruirlo.

Cada año en España son recogidos de la calle más de 300.000 perros y gatos, que se han perdido o han sido abandonados. Los animales considerados «de compañía» tienen la máxima protección legal en nuestro país. Se penaliza legalmente su maltrato y abandono, tanto por vía penal como por vía administrativa, y la capacidad de las personas de empatizar con un perro o un gato es altísima en comparación con otras especies de animales. No obstante, a pesar de todo eso, los perros y los gatos también son víctimas del maltrato animal. Una legislación que en la práctica es insuficiente, porque no protege de forma efectiva a los animales en situaciones de maltrato. La compraventa de cachorros es un negocio que no para de crecer, y las personas compran animales sin ser conscientes de que detrás se esconde un negocio cruel, en el que los animales son víctimas de la explotación y el maltrato. Y mientras, aquellos otros animales abandonados, esperan en todos los centros de recogida de animales de nuestro país, ser rescatados de sus jaulas y encontrar de nuevo, un hogar.

El uso de animales en espectáculos públicos es una tradición arraigada en nuestro país. Cientos de municipios en toda España presumen de sus fiestas populares en las que se utilizan animales únicamente para diversión y entretenimiento del público, aunque ello conlleve sufrimiento para ellos. En nuestro país la tauromaquia se considera bien de interés cultural, y pese a que cada vez este espectáculo tiene menos seguidores, la lucha por intentar salvaguardar su continuidad no cesa, recibiendo inclusive dinero público.  Cuando el maltrato animal se institucionaliza, se permite y se protege legalmente, se manda un mensaje contradictorio a la sociedad. La protección y el respeto hacia los animales no puede diferenciarse en función de la especie o de la finalidad para la que se utilice a ese animal. 

Los animales salvajes son las principales víctimas de la industria de la piel. Cada año más de 400.000 visones son criados en granjas en nuestro país, encerrados en diminutas jaulas y sacrificados a los seis meses, para posteriormente vender sus pieles. Animales como los zorros, nutrias, castores, mapaches, conejos de angora, linces o focas, también son víctimas de la industria. En pleno siglo XXI, con las alternativas sintéticas que existen, criar animales para mantenerlos encerrados perpetuamente en jaulas en condiciones pésimas, y posteriormente sacrificarlos para arrebatarles su piel, es quizás uno de los ejemplos más ilustrativos que demuestra lo desconectados que nos encontramos de la naturaleza.

Recuerda que...

EL CAMBIO EMPIEZA EN TI