Experimentación animal y protección: ¿son compatibles?

Podríamos estar de acuerdo en que en los últimos tiempos estamos consiguiendo grandes avances en la protección animal. Es innegable que cada día somos más las personas que alzamos la voz para reivindicar un trato digno para aquellos con los que compartimos planeta. Recientemente, hemos vivido la aprobación de la Ley 17/2021, de 15 de diciembre, de modificación del Código Civil, la Ley Hipotecaria y la Ley de Enjuiciamiento Civil, y con ella, España ha dado un paso más por el reconocimiento de la sintiencia animal. No obstante, estaremos de acuerdo también en que sigue sin ser suficiente, porque seguimos dejando fuera a muchos animales.

Para quienes no estéis muy familiarizados con la experimentación animal, esta consiste principalmente en utilizar a animales en proyectos y procedimientos en los que se pretende probar un determinado fármaco, producto o tratamiento con el objetivo de analizar cuáles son sus repercusiones en ese organismo vivo, antes de ser lanzados al mercado o permitido su uso en seres humanos o en animales. Principalmente, el uso de animales se lleva a cabo con fines de investigación científica, aunque también son utilizados para la educación y la docencia.

Según el último informe publicado por el MAPA (Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación), en el año 2020 solo en España se utilizaron más de 761.012 animales en experimentos, de los cuales 245.898 animales fueron utilizados en procedimientos considerados de gravedad «media», 74.220 en procedimientos considerados de gravedad «severa», y 34.202 animales ni tan siquiera pudieron recuperarse.

Y tú, ¿sabes cómo viven los animales utilizados para experimentación?

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¡AVISO!: IMÁGENES SENSIBLES

I. LUCHEMOS CONTRA La opacidad en la experimentación animal

Cuando los científicos hablan del uso de animales en experimentación suele ser frecuente escuchar que no existen métodos alternativos y que su uso es necesario, para intentan tranquilizar nuestros sentimientos de empatía hacia esos pobres animales, indicando que están bien tratados y que se cumple con la normativa vigente en materia de protección y bienestar animal. No obstante, teniendo en cuenta que es muy complicado obtener imágenes de los animalarios y los procedimientos en los que se utilizan a los animales, debemos sencillamente, creer a ciegas en sus palabras… ¿o no?

El 9 de abril de 2021 España despertó con una noticia estremecedora acompañada de pruebas videográficas de extrema sensibilidad. La organización internacional CrueltyFree, -que lucha por el fin del uso de animales en experimentación-, hizo pública una investigación oculta en la que, de la mano de la periodista Carlota Saorsa, destaparon lo que hay detrás de la experimentación animal en los laboratorios. Tras infiltrarse en el laboratorio madrileño sito en Tres Cantos, VIVOTECNIA RESEARCH, se destapó el resultado de la investigación que ha derivado en que hoy el laboratorio tenga abierta una causa judicial por presunto delito de maltrato animal contra los animales utilizados para experimentar en ese laboratorio. Tal y como puede apreciarse en el material videográfico, fueron víctimas de severos tratos crueles y degradantes, que sin ninguna duda quedan fuera del maltrato «justificado» que se permite dentro de la experimentación con animales. Pero, en ese vídeo no se muestran únicamente escenas de maltrato animal, sino que también puede apreciarse una clara falta de profesionalidad por parte de las personas que manejan a esos animales. Escenas en las que se burlan y mofan de su dolor. Una clara falta de empatía y de respeto por las normas mínimas de protección animal que deben regir la experimentación, y toda ausencia de cumplimiento de los protocolos básicos de cuidado de los animales. Y, pese a ello, este laboratorio sigue desarrollando su actividad profesional, y entidades y organismos públicos siguen suscribiendo contratos de servicios con VIVOTECNIA para llevar a cabo estudios de investigación en los que se utilizan animales.

Te aviso de la dureza de las imágenes, pero si decides hacer click, aquí puedes ver el vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=QoJdbOSxBKM&feature=youtu.be

Supongo que conoces la famosísima frase de Paul McCartney que dice:

«Si los mataderos tuvieran paredes de cristal, todos seríamos vegetarianos.»

Paul McCartney

Pues bien, esa cita puede trasladarse de un modo igualmente ilustrativo a la experimentación animal. Todos nos alegramos por los avances científicos y por encontrar curas para determinadas enfermedades, pero, estoy segura de que si las personas fueran conscientes de las prácticas a las que son sometidos esos animales, del sufrimiento que les obligamos a soportar, y de las atrocidades que se les hacen al amparo de la ciencia, la investigación y el progreso, otra sería la realidad en materia de investigación y ciencia, y hace ya mucho tiempo que las autoridades públicas se habrían puesto a trabajar (de verdad) en insuflar la suficiente financiación para poder encontrar y empezar a aplicar los métodos alternativos que sustituyan, por lo menos casi en su totalidad, la experimentación con animales. No obstante, todavía estamos muy lejos de esta realidad.

II. La legislación vigente y el modelo actual

Para comprender la posición en la que quedan los animales utilizados para experimentación, es necesario comprender el sistema jurídico actual, y ser conscientes de que la protección de los animales en nuestro país (y en la Unión Europea), no viene dada de manera directa por la condición de ser sintiente del animal, sino por el uso que el ser humano decide darles, y por la consideración que tienen a ojos nuestros. Te pondré un ejemplo: El pasado mes de enero entró en vigor en nuestro país la reforma del Código Civil que reconoce en su artículo 333 bis que los animales son seres vivos dotados de sensibilidad. Este artículo incluye a todos los animales, así que podrías pensar (y sería completamente lógico), que todos los perros gozan ya de la máxima protección en nuestro país. No obstante, en la experimentación animal se utilizan animales como perros, gatos o conejos, que aunque a ojos del Código Civil ya son considerados como animales de familia, las leyes de experimentación animal tienen una regulación distinta respecto a su uso y cuidado, y por tanto, su uso con finalidades de investigación constituye una excepción a ese alto nivel de protección.

Por tanto, si pensamos en el ejemplo de un perro beagle (perros utilizados habitualmente para experimentación), este tendrá un nivel de protección mayor si su «finalidad» es servir de compañía al ser humano (animal de familia), que si su «finalidad» es ser utilizado para experimentación (animal de laboratorio). ¿Surrealista, verdad?

Actualmente, la legislación que regula la protección de los animales utilizados en experimentación está orientada a reducir al máximo el uso de animales, y a intentar causarles el menor dolor posible en los experimentos que se lleven a cabo, pero en ningún caso se prohíbe la experimentación con animales, ni su uso para la educación y la docencia.

El Real Decreto 53/2013, de 1 de febrero, que establece las normas básicas aplicables para la protección de los animales utilizados en experimentación y otros fines científicos, incluyendo la docencia.

Esta norma de carácter estatal traspuso a nuestro ordenamiento jurídico la Directiva 2010/63/UE, relativa a la protección de los animales utilizados para fines científicos, y es la que regula la protección de los animales utilizados para experimentación en nuestro país, sin perjuicio de que, como siempre, existan Comunidades Autónomas que también tienen su propia normativa en la materia. A grandes rasgos, el objetivo de la norma es proteger mínimamente a los animales que se utilizan y reducir al máximo su uso.

El Real Decreto aplica tanto a los animales utilizados, como a los que son criados o suministrados con fines de experimentación. Debemos tener en cuenta que en nuestro país existen criaderos autorizados que se dedican a «suministrar» animales a los centros de investigación. Si acudimos al artículo 2 del RD, nos encontramos con frases del estilo siguiente: «este real decreto será de aplicación cuando se utilicen o se tenga previsto utilizar animales en procedimientos o cuando se críen animales específicamente para que sus órganos o tejidos puedan utilizarse con fines científicos.» Así que son animales que viven y mueren para servir, en exclusiva, a la investigación.

Actualmente la experimentación animal se rige por el principio de las «3 erres»: Reemplazo, Reducción y Refinamiento. Esto, lo que significa, es: en la medida en la que existan métodos alternativos, NO se usarán animales (reemplazo). Cuando sea indispensable utilizar animales, se usarán los mínimos posibles (reducción). Y, respecto a los que se tengan que utilizar, los profesionales deben asegurarse de que sufren el menor dolor, sufrimiento e incomodidad posible (refinamiento). No obstante, ¿de verdad esto se cumple? ¿se invierte lo suficiente en investigación de métodos alternativos para poder hacer efectivo el principio de reemplazo? La norma contempla la obligación de los poderes públicos de asegurarse de que se aplican las 3 erres, y además, le impone el deber de contribuir al desarrollo y validación de métodos, estrategias y ensayos alternativos que sean igual o más eficaces que los que se llevan a cabo con animales.

Entrando en materia de bienestar animal, sobre el papel la norma obliga a que:

  • Cada criador, suministrador o usuario designe como mínimo una persona especializada y responsable de velar por el bienestar de los animales utilizados.
  • Se designe también al menos un veterinario o persona especializada que servirá de consultor para resolver dudas de los profesionales que trabajan con los animales, a fin de garantizar los máximos niveles de bienestar a los animales.
  • Cuando se pueda escoger entre diversos procedimientos para investigación, se deberá escoger aquel que implique el uso del menor número de animales, que afecte a animales con la menor capacidad de sentir dolor, sufrimiento o angustia, y el que cause menor dolor, sufrimiento, angustia o daño duradero.
  • La muerte de los animales debe evitarse en lo posible
  • Una vez finalizado el procedimiento, el órgano competente podrá autorizar que un animal sea dado en adopción, realojado o devuelto a su hábitat
  • Se deben crear órganos encargados del bienestar animal y Comités de Ética de Experimentación Animal. Este Comité es el encargado de elaborar el informe que debe aportarse junto con la solicitud de autorización para iniciar un proyecto.
  • Existe el Comité Español para la protección de animales utilizados con fines científicos.
  • Los establecimientos que alberguen a los animales deben contar, entre otras cosas, con enriquecimiento ambiental para que puedan expresar sus comportamientos naturales, evitar el estrés y proporcionarles actividades que desarrollen su capacidad de adaptación. También con zonas de descanso y zonas de reposo confortables.

En la norma se contempla, entre otros, la experimentación con: peces, serpientes, tortugas, ranas, salamandras, aves (patos, ocas, codornices, palomas, pavos, gallinas…), équidos, cerdos, ovejas, cabras, vacas, babuinos, macacos, hurones, perros, gatos, conejos, hámsteres, cobayas, ratas, ratones…

Increíble, ¿verdad?

III. De la teoría a la práctica

Al igual que ocurre con la legislación de bienestar animal aplicada a los animales utilizados para producción y consumo, resulta extremadamente complicado asegurar que los niveles mínimos de bienestar animal en la experimentación se cumplen. Y no porque pueda existir una voluntad maliciosa de los profesionales que los manejan, sino porque la normativa sobre el papel suena bien, pero en la práctica, resulta casi imposible hacer compatible el bienestar animal con su uso para experimentación. Si ponemos el ejemplo de los perros, sabemos que los perros necesitan socializar, ir al parque, relacionarse con otros animales y otros humanos, desarrollar su sentido del olfato y tener experiencias positivas, para que la pirámide de las necesidades básicas pueda cumplirse. Todo eso, no se le puede dar a un perro que ha sido criado para experimentación y que vive constantemente en una jaula o estabulario. Y, lo mismo ocurre con las ratas y ratones, que está demostrado científicamente que son animales extremadamente inteligentes y compasivos.

Y, cuando salen a la luz investigaciones como la de CrueltyFree, y conseguimos ver imágenes de lo que ocurre ahí dentro, y de lo que hay detrás de la investigación con animales, nos damos cuenta de que ni tan siquiera en esos casos se cuenta con voluntad suficiente por parte de quienes toman decisiones, para cumplir con esos niveles mínimos de protección que impone la ley, poner a salvo a los animales y velar por su cuidado y bienestar.

En el caso de Vivotecnia, la Comunidad de Madrid suspendió la actividad de investigación del laboratorio a raíz de la noticia publicada y de que se realizara una inspección en las instalaciones del laboratorio, pero nunca autorizó el decomiso de los animales que se encontraban dentro, pese al clamor popular que solicitaba la puesta a salvo de los animales y su cesión a protectoras y refugios. Poco más de dos meses después, le fue levantada la suspensión y el laboratorio pudo volver a trabajar. Ello, pese a que el artículo 16 del Real Decreto es claro en supuestos como este. Concretamente en su apartado 4 y 5, establece que cuando se deje de cumplir con los requisitos establecidos en la norma, el órgano competente debe adoptar las medidas correctoras necesarias, y en su caso, suspenderá o retirará la autorización, debiendo asegurarse de que no se ve afectado negativamente el bienestar de los animales que se encuentran ahí alojados.

Actualmente nos encontramos con un laboratorio que de forma completamente legal puede seguir trabajando e investigando. Que puede de forma completamente legal tener en su poder animales para experimentar con ellos. Que puede de forma completamente legal ser contratado (y de hecho así se viene haciendo) por centros públicos y suscribir contratos que se abonarán con fondos públicos. Y que puede, de forma completamente legal, seguir presumiendo de cumplir con la normativa en materia de bienestar y protección animal, pese a los antecedentes conocidos.

¿Cómo se va a intentar hacer creer a la sociedad que esos animales están protegidos por la legislación, si ni tan siquiera en casos de extrema crueldad y de vulneración de la propia normativa, se toman medidas eficaces para ponerlos a salvo?

Apostar por el cambio es ya una obligación.

Para mí, resulta complicado de entender cómo podemos evolucionar tanto en algunos sectores pero por el contrario, se sigue justificando el uso de animales para investigación al amparo de que «es el único método que funciona», «no existen alternativas», «no es posible hacerlo de otra manera». Obviamente, si no se invierte en métodos alternativos, ese argumento seguirá sirviendo a los científicos durante años y años. Pero, ¿dónde y cuándo pondremos el límite?

En 2012 un grupo de neurocientíficos de reconocido prestigio promulgaron un manifiesto sobre la conciencia (Declaración de Cambridge), afirmando que los animales son seres conscientes. Hasta ese momento se sabía, pero todavía no se había plasmado por escrito en un documento firmado por un grupo de reconocidos científicos que investigaron sobre ello y concluyeron que efectivamente ya no podía seguir cuestionándose la sintiencia animal, concretamente de los mamíferos, las aves, y algunos cefalópodos como los pulpos. Por el contrario, una gran parte de los científicos hoy en día siguen sosteniendo que la experimentación con animales es necesaria, ello pese a que está más que demostrado que el 92% de los ensayos que resultan exitosos en animales, después fracasan en la fase clínica cuando son probados en humanos. Y la razón principal se debe a que está demostrado que no es efectivo provocar enfermedades propias de humanos a animales que por sí solos nunca llegarían a desarrollarlas. Para poder dar por exitoso un fármaco o tratamiento, no basta simplemente con recrear el síntoma de la enfermedad en el animal, sino que hace falta tener en cuenta las causas que la provocan. Algo que es, indudablemente, imposible de conseguir cuando estamos testando en animales que no las padecen. Está más que demostrado también que la experimentación en animales no es efectiva, porque somos diferentes a los animales con los que se testa.

Desafortunadamente, después de que cientos de científicos repitan como un mantra que no hay alternativas a la experimentación animal, muchas personas se lo han creído. No obstante, es necesario empezar a derribar estos mitos y exigir que de una vez por todas se invierta lo suficiente en financiar métodos alternativos como el uso de organoides o en organ-on-a-chips, para que deje de servir como excusa que no hay alternativas. Porque sí las hay, pero la realidad es que resulta mucho más fácil seguir anclados en métodos antiguos con animales, cuyos experimentos resultan más fáciles de llevar a cabo a los científicos porque es «lo que ya conocen» y lo que desde hace cientos de años está profundamente incrustado en la forma de hacer ciencia e investigación. 

No obstante, tengo la certeza y la convicción de que en nuestro país y también en el mundo entero contamos con científicos lo suficientemente válidos, formados y preparados como para poder hacer ya posible esta realidad, y dejar de utilizar a animales en la investigación. la ciencia y la docencia. El ser humano tiene, sin duda, muchas deudas pendientes con los animales con los que cohabitamos y compartimos espacio en este planeta. Es cierto que se han conseguido grandes avances en materia clínica gracias a experimentar con ellos, pero, la realidad es que hemos avanzado ya lo suficiente y estamos lo suficientemente preparados a nivel tecnológico como para proponernos la sustitución del uso de animales en experimentación por otros métodos libres de sufrimiento y maltrato animal. La ética en este caso debe ser más que nunca el motor que nos haga cambiar, y saldar por lo menos una, de todas esas deudas pendientes que tenemos con ellos.

Como suscribieron unas personas brillantes en un manifiesto brillante:

Los animales cuentan con las estructuras nerviosas que producen la conciencia. Esto significa que estos animales sufren. Es una vedad incómoda: siempre era fácil decir que los animales no tienen conciencia. Ya no se puede decir que no lo sabíamos

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