Situación legal de las especies exóticas en España: adquisición y tenencia como animales de compañía (II)

Especies exóticas y mascotismo

Como ya explicamos en el número anterior, una especie exótica es aquella que se encuentra fuera de su área de distribución y dispersión natural, al haber sido introducida de forma directa o indirecta por el ser humano en un entorno
que no es el suyo.

Partiendo de esta base, resulta evidente que la introducción de una especie exótica en un área de distribución distinta a la suya implica, per se, una alteración del nuevo ecosistema en el que se adentra, respecto a como se encontraba con anterioridad a la presencia de esa nueva especie.

Como ya se expuso en el artículo anterior, a nivel general no tenemos en España ninguna norma que prohíba de forma directa la tenencia de especies exóticas o animales silvestres, salvo que estos estén sujetos a un régimen especial de protección o considerados especies invasoras.

Derechos individuales vs Derechos colectivos

Esto implica, de forma indirecta, que el Estado deje algo tan importante como la sanidad animal, la protección de las especies y la biodiversidad y la protección del patrimonio natural en manos de la responsabilidad individual de cada ciudadano, no siendo esas cuestiones de índole menor. Y hablo de responsabilidad individual porque se presume que cuando los particulares adquieren cualquier tipo de animal lo hacen con la finalidad de querer cuidar de ellos y tenerlos bajo su custodia como animales de compañía, no obstante, son muchos los ejemplos que nos han permitido observar las consecuencias negativas que esto tiene, dado que los animales se escapan o bien son puestos en libertad por los propios particulares que llegado cierto momento, ya no quieren o no pueden tenerlos, y no saben qué hacer con ellos.

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Son muchos los expertos y también distintas organizaciones internacionales, -como la Organización Mundial de Sanidad Animal o la OMS- que afirman que cuando la población de determinadas especies exóticas aumenta significativamente desplazando a otras, rompen el equilibrio del ecosistema y pueden llegar a convertirse en una grave amenaza para la supervivencia de las especies autóctonas. Además, pueden suponer un problema global serio, en la medida que causan la extinción de determinadas especies autóctonas, provocan daños en el patrimonio natural, e inclusive pueden ser portadores de enfermedades que anteriormente solo se encontraban en sus regiones de origen.

Esto lleva ocurriendo concretamente en España desde hace muchos años, y son numerosos los ejemplos de especies de animales que llegaron a nuestro país y en poco tiempo su presencia se multiplicó de tal manera que tuvieron que llevarse a cabo, de forma tardía y a remolque, planes de contingencia para frenar su reproducción y población. Especies de animales como el visón americano, el mapache, la cotorra argentina o de Kramer, la tortuga galápago de Florida o el cerdo vietnamita, son solo algunos de los ejemplos de especies concretas que pese a ser incluidas desde hace años en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, todavía son objeto de preocupación para las Administraciones Públicas, en tanto en cuanto su presencia se ha vuelto prácticamente endémica y ya resulta indiscutiblemente imposible lograr su completa desaparición del territorio nacional.

Uno de los ejemplos más recientes y más evidentes de todo lo expuesto anteriormente lo tenemos en el caso de los cerdos vietnamitas y de las cotorras. El cerdo vietnamita es una subespecie del cerdo doméstico que no estaba presente en España hasta que determinadas celebrities y personajes públicos reconocidos lo pusieron de moda al tenerlos como mascotas. Las personas empezaron a adquirir cerdos vietnamitas en España sin ser conscientes, en muchas ocasiones, de lo que implicaba tener un animal de este estilo como mascota (sus cuidados, sus dimensiones, su carácter, sus necesidades, si se iba a adaptar o no a un piso…), y fueron apareciendo cerdos vietnamitas en espacios públicos de todo el territorio nacional, que evidentemente habían sido abandonados por sus responsables. Este ejemplo resulta claramente ilustrativo para entender la gravedad del problema que supone no tener ningún tipo de regulación en España respecto a la tenencia de especies exóticas, puesto que los cerdos vietnamitas que fueron dejados en libertad en el medio natural, se cruzaron con jabalíes y esto ha dado lugar en España a una nueva variante híbrida conocida como “cerdolí” o “jabalí híbrido”.

Estos animales suponen ya claramente un riesgo medioambiental, que además, como consecuencia de su gran y acelerada expansión, provoca también tanto en entornos rurales como en ciudades, accidentes de tráfico, daños en las explotaciones agrícolas y ganaderas, y también pueden ser agentes transmisores de enfermedades. La presencia de los cerdolís es notoria en Cataluña, Valencia, Madrid, Castilla y León y Aragón.

En el caso de la cotorra Argentina y de Kramer, la presencia de estas aves en España se ha vuelto muy notable desde hace años y se ha convertido en un grave problema para las Administraciones. España es el segundo país de la Unión Europea con más individuos de cotorra argentina, siendo esta originaria de Sudamérica, y del sur de Asia y África Subsahariana la cotorra de Kramer. Estas aves llegaron a España fruto de la compraventa, pues hubo personas que las querían tener como aves de jaula, y el desenlace fue el mismo que con el cerdo vietnamita: acabaron en el medio natural y han encontrado en España un lugar idóneo en el que quedarse.

Pese a todo lo anterior, el poder legislativo estatal no ha tomado, hasta la fecha, ninguna medida encaminada a establecer mecanismos de prevención para evitar que estas situaciones se continúen produciendo. Lo único que se hizo, como ya vimos en el artículo anterior, fue crear un Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras que no tiene una finalidad preventiva, sino que es una herramienta encaminada a actuar una vez el problema ya se ha creado y la presencia de esas especies ya es amplia en nuestro territorio.

Por otro lado, si nos centramos en las propias especies que se tienen como animales de compañía, también puede resultar cuestionable desde el punto de vista del bienestar animal, si ciertas especies que se comercian y adquieren como mascotas están preparadas para vivir en cautividad, habida cuenta de que en muchas ocasiones se trata de especies cuya naturaleza es claramente gregaria, viven en madrigueras, habitan en bosques o sabanas, y tienen una forma de vivir claramente salvaje, como es el caso de los suricatos, los mapaches o los primates. Y pese a todo ello, tampoco disponemos actualmente de ninguna normativa que tenga en cuenta estos factores para tener animales silvestres en cautividad.

La solución para acabar con esta problemática pasaría, desde mi punto de vista, por la creación de ese Listado Positivo que comentamos en el artículo anterior, y que facilitaría establecer de forma taxativa cuáles son las especies de animales que está permitido tener en España, dejando de ese modo fuera de esa legalidad todas las que no se encuentren incluidas en ese catálogo.

Este listado, lejos de tener una finalidad prohibitiva o de limitación de la libertad individual de los particulares para tener las especies de animales que deseen, es una herramienta muy útil que ya se aplica en otros países como Holanda o Bélgica, y supondría una garantía de que las especies que se introducen en el territorio nacional son solo aquellas que no entrañan riesgo ni para la seguridad y sanidad pública, ni para el patrimonio natural y la biodiversidad, ni tampoco para los propios animales. La valoración de la inclusión de las especies de animales en el listado se realizaría basándose en distintos criterios: riesgo para el medio ambiente, riesgo para la seguridad pública, valoración de la posible adaptabilidad (o no) de esa especie a la cautividad, etc.

Quizás convendría que entre todos pudiésemos ser conscientes de que la problemática entorno a la tenencia de especies exóticas no es una cuestión menor, puesto que afecta al planeta, a la biodiversidad, a los propios animales y a las actividades económicas. Quizás también deberíamos responsabilizarnos mirando más allá de nuestro deseo como particulares de tener como mascota una u otra especie de animal.

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